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Un extraño incidente ocurrido a Sri Ramana Maharshi



Cuando Sri Ramana Maharshi tenía 33 años, en el tiempo en que vivía en la cueva Virupaksha, vivió una extraña experiencia cercana a la muerte en la que su cuerpo dejó de realizar las funciones elementales de la vida y adquirió rigor mortis. La personas que se encontraban con él, al ver su cuerpo rígido y de color azuladado lloraron su muerte.

Milagrosamente, Sri Ramana volvió a la vida 15 o 20 minutos después, recobrando perfectamente todas sus facultades.

B.V. Narasimha Swami, quien fue el primer biógrafo de Sri Ramana, recogió el incidente en su libro “Self-Realization” (La vida y enseñanzas de Sri Ramana Maharshi), publicado en 1936. El episodio fue añadido con posterioridad en un Apéndice titulado: “Un extraño y extraordinario acontecimiento en la vida de Sri Maharshi” (B.V. Narasimha Swami, Self-Realization, p. 269-270) 

La experiencia fue narrada por el mismo Ramana Maharshi con el fin de clarificar lo que había pasado y no dar crédito a las narraciones fantasiosas que circulaban sobre el acontecimiento.

Este es el relato que Sri Ramana hizo del suceso tal como se encuentra en el Apéndice de “Self-Realization”:

“Un extraño y extraordinario acontecimiento en la vida de Sri Maharshi” 

Un suceso extraño y notable en la vida de Sri Maharshi. Una mañana, alrededor del año 1912, el Swami, Palaniswamy, Vasudeva Sastri y otros salieron de la cueva de Virupaksha y se dirigieron juntos a Pachaiamman Koil, llevando aceite y polvo de nuez de jabón para un baño de aceite, ya que allí abundaban las instalaciones para tal baño. Terminado el baño, emprendieron el regreso, abriéndose paso a través de la colina. El baño y la caminata estaban agotando los nervios del Swami. El sol era bastante fuerte (alrededor de las 10 de la mañana) y la subida suponía un esfuerzo adicional. Palaniswamy y Sastri habían dado algunos pasos de ventaja. Mientras el Swami no estaba cerca de la Roca de la Tortuga, comenzó a sentirse débil, y lo que sucedió después se describe mejor con sus propias palabras:

De repente, la vista del paisaje natural frente a mí desapareció y una brillante cortina blanca cubrió mi campo de visión, impidiéndome ver la naturaleza. Pude observar claramente el proceso gradual. En un momento dado, aún podía ver con claridad una parte del paisaje, mientras que el resto quedaba oculto por la cortina que avanzaba. Era como proyectar una diapositiva en el estereoscopio. Al experimentar esto, dejé de caminar por temor a caerme. Cuando la vista se despejó, seguí caminando. Cuando la oscuridad y el desmayo me invadieron por segunda vez, me apoyé en una roca hasta que la visión se despejó. La tercera vez, sentí que era más seguro sentarme, así que me senté cerca de la roca. Entonces la brillante cortina blanca me cegó por completo, me sentía mareado y mi circulación sanguínea y mi respiración se detuvieron.


La piel se tornó de un azul lívido. Era el típico tono de muerte, y se oscureció cada vez más. Vasudeva Sastri me tomó por muerto, me abrazó y comenzó a llorar desconsoladamente, lamentando mi muerte. Su cuerpo temblaba. En ese momento, pude sentir claramente su abrazo y sus temblores, oír su lamento y comprender su significado. También vi la decoloración de mi piel y sentí cómo se detenían los latidos de mi corazón y mi respiración, y el creciente frío en las extremidades de mi cuerpo.


Sin embargo, mi flujo habitual de pensamiento (Dhyana) continuaba como siempre incluso en ese estado. No sentía el menor miedo ni tristeza por la condición de mi cuerpo. Cerré los ojos en cuanto me senté cerca de la roca en mi postura habitual, pero sin apoyarme en ella. El cuerpo, sin circulación ni respiración, se mantuvo inmóvil. Este estado duró unos diez o quince minutos. De repente, una sacudida recorrió mi cuerpo; la circulación se reanudó con enorme fuerza, al igual que la respiración. Sudaba por todo el cuerpo, por cada poro. El color de la vida reapareció en mi piel. Entonces abrí los ojos, me levanté y dije: «Vámonos». Llegamos a la cueva de Virupaksha sin más problemas. Esa fue la única ocasión en que se detuvieron tanto mi circulación sanguínea como mi respiración.


Maharshi añadió, para corregir algunas versiones erróneas que habían circulado sobre el incidente: «No provoqué el ataque a propósito, ni deseaba ver cómo quedaría este cuerpo al morir. Tampoco dije que no dejaría este cuerpo sin avisar a los demás. Fue uno de esos ataques que sufría ocasionalmente. Solo que en esta ocasión adquirió un carácter muy grave.


Ramana se refirió a este acontecimiento años más tarde, durante su conversación con B.V. Narasimha Swami. Esta conversación está recogida en “Conversaciones con Ramana Maharshi”, Parte II, del día 21 abril de 1937:

En relación con la localización del centro del Corazón en el lado derecho del cuerpo humano, Sri Bhagavan dijo: —He dicho que el centro del Corazón estaba a la derecha, a pesar de la refutación por parte de algunas personas instruidas en el sentido de que la fisiología les ha enseñado lo contrario. 

Yo hablo por experiencia. Lo supe ya en mi casa durante mis trances. Nuevamente, durante el incidente contado en el libro Self-Realization tuve una visión y una experiencia muy claras. Repentinamente, vino una luz de un lado borrando la visión del mundo en su curso hasta que se expandió todo alrededor cuando la visión del mundo fue completamente eliminada. Sentí que el órgano muscular en el lado izquierdo había dejado de funcionar; yo podía comprender que el cuerpo era como un cadáver, que la circulación de la sangre se había detenido y que el cuerpo devenía azul y sin movimiento. 

Vasudeva Sastri abrazó el cuerpo, lloró mi muerte, pero yo no podía hablar. Durante todo ese tiempo yo sentía que el centro del Corazón, a la derecha, estaba funcionando tan bien como siempre. Este estado continuó durante 15 ó 20 minutos. Entonces, repentinamente, algo saltó de la derecha a la izquierda como un cohete que estallaba en el aire. Se reinició la circulación de la sangre y se restableció el estado normal. Entonces le pedí a Vasudeva Sastri que me acom- pañara y llegamos a nuestra residencia.