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ROBERT ADAMS: Mi vida

 


Robert Adams (1928-1997) fue un maestro estadounidense de la filosofía Advaita de la no dualidad, conocido por transmitir las enseñanzas de Ramana Maharshi sobre la autoindagación. Vivió en el Ashram de Ramana entre 1947 y 1950. Tras la muerte de Ramana Maharshi en 1950, Robert Adams continuó viajando, y durante los diecisiete años siguientes conoció a muchos maestros e instructores (entre ellos a Krishnamurti y Nisargadata Maharaj con quien estuvo seis meses), verificó su iluminación y su comprensión alcanzó la plenitud. 

La esencia de su filosofía era: "No eres ni tu cuerpo ni quien hace. Todo es consciencia. Todo está bien".

Sobre la vida de Robert Adams

Yo generalmente no hablo acerca de mí mismo, pero hoy recibí una interesante llamada de una
señora de Pensilvania, “Robert, si no dices nada sobre ti, nadie conocerá de dónde vienes.
Pensarán que obtuviste esta información de un libro o de otro maestro. No conocerán que viene
directamente de Ser”. De modo que reflexioné sobre ello, y (decidí que) por unos minutos hablaría
de mi vida hasta la edad de catorce años. Es bastante aburrido.

Nací el 21 de Enero del año 1928, en Manhattan, Nueva York. Desde el mismo comienzo, tan lejos como puedo recordar, cuando estaba en mi cuna, un hombrecillo con barba gris y pelo blanco solía 
aparecer delante de mí al otro lado de la cuna. Medía alrededor de 60 centímetros de alto, y sus palabras eran para mi un galimatías.

Yo creía que todo el mundo tenía esa experiencia. Cuando tenía cinco o seis años, se lo conté a mis
padres, y pensaron que estaba bromeando. Se lo conté a mis amigos y ellos se rieron de mí. Así pues
no hablé más de ello. Las visitas pararon cuando tuve alrededor de siete años. Mi padre murió. Y de repente, el hombrecillo dejó de venir a mí. 

Entonces pregunté a mi madre, “¿Qué estoy haciendo aquí? Yo no pertenezco a aquí.” Yo no comprendía lo que decía pero sentía que estaba fuera de lugar. Mi madre pensó que estaba loco y
también muchos otros lo pensaron. Entonces me llevó al médico y el médico le dijo que se me pasaría.

Cuando iba a la escuela realmente nunca encajaba, porque siempre estaba soñando despierto.
Tenía extrañas experiencias. Me sentaba en clase y me sumergía en la consciencia. Devenía
omnipresente. Tenía experiencias fuera del cuerpo. Tan solo me fundía con la consciencia. No
entendía lo que sucedía.

Durante mi infancia, me sucedía algo muy interesante: siempre que deseaba alguna cosa, por ejemplo, una barrita de caramelo o un juguete, yo decía el nombre de dios tres o cuatro veces y lo que deseaba aparecía en algún lugar. Por ejemplo, si deseaba una barrita de caramelo, decía “Dios, Dios, Dios”, y a continuación alguien me lo traía o venía de algún lugar.

Durante mi etapa escolar, no solía estudiar nunca. Cuando teníamos un examen decía “Dios, Dios,
Dios”, y las respuestas venían. Una vez quería tocar un violín, y mi madre me dijo que sería
demasiado difícil de tocar para mí, de modo que no me lo compraría. Así pues dije “Dios, Dios,
Dios”, y unas pocas horas más tarde mi tío, a quien no había visto en casi cinco años, apareció en casa y
me trajo un violín, no sé como pero pensó que yo necesitaba un violín. Esto continuó así en la época en que fui a la escuela.

A la edad de catorce años, me sucedió un extraño fenómeno. Estaba en mi clase de la escuela donde cursaba bachillerato. En el aula había alrededor de treinta y cinco niños. El nombre de la profesora era Doña Riley, pesaba alrededor de 130 Kgs. Cuando Doña Riley se enfadaba, solía dar saltos, y los estudiantes, por supuesto, solíamos enfadarla. Lo que yo solía hacer para enfadarla, era pedir prestada una horquilla del pelo a una chica, metía la horquilla en la bisagra del respaldo del asiento y la hacía vibrar. Doña Riley se volvía loca, no sabía de dónde venía el sonido y se ponía a saltar; un fenómeno muy interesante.

Un día durante un examen de matemáticas, repetí el nombre de Dios tres veces como acostumbraba a hacer para recibir las respuestas del examen, pero, en vez de las respuestas, lo que le llegó fue una completa experiencia. El aula entera estaba inmersa en luz, todos, todas las cosas. Todos los chicos parecían ser miríadas de partículas de luz, y entonces yo me encontré a mi mismo fundiéndome en el Ser radiante, en la Consciencia. Me fundí en la Consciencia. No fue una experiencia fuera del cuerpo.
Una experiencia fuera del cuerpo es cuando tu alma deja tu cuerpo. Esto fue completamente
diferente. Comprendí que yo no era mi cuerpo. Lo que parecía ser mi cuerpo no era real. Fui más
allá de la luz dentro de la Consciencia radiante pura, divina omnipresente. Mi individualidad se
había fundido en la pura dicha absoluta. Me expandí. Devine el universo. El sentimiento es
indescriptible. Fue total dicha, total alegría. La siguiente cosa que recuerdo fue la profesora
sacudiéndome. Todos los estudiantes se habían ido. Era el único que quedaba en clase. La
profesora estaba sacudiéndome y yo volví a la consciencia, la humana consciencia. Ese
sentimiento jamás me ha dejado. Después de esta experiencia, perdí todo interés por la vida mundana.

Cuando tenía alrededor de catorce años, fui a una biblioteca para hacer una reseña de un libro.
Al pasar por la sección de filosofía, vi un libro sobre maestros de yoga. Por entonces, ni tan siquiera
sabía lo que eso significaba. Abrí el libro en una página y allí estafa la foto de Ramana Maharshi.
Mi cabello se puso de punta, porque era la misma persona que se me aparecía a los pies de la cuna, cuando era un bebe. Desde entonces nunca he sido el mismo.

Pregunta: ¿Fue eso lo que te condujo a Ramana Maharshi?
Robert: Más tarde, sí. De hecho, cuando me fui de casa, fui a "Self Realisation Fellowship" en Encinitas. Fui a ver a [Paramahamsa] Yogananda. Fui iniciado e iba a hacerme monje, pero Yogananda me dijo “Robert tú no perteneces a aquí, tú tienes que seguir tu propio camino. Ve a India. Así hice. Fui al Ashram de Ramana. Eso fue en 1947 o 1948. Yo confirmé mis sentimientos. Siempre desde mi nacimiento tuve la convicción de que yo no era un cuerpo. Ingresé en la escuela e hice creer que yo era normal, sea lo que sea eso.

Cuando llegué a los pies de la montaña, vi que por un sendero bajaba un hombre de aspecto frágil y rostro extraordinariamente compasivo sobre la rala barba blanca, reconocí en él al hombrecillo que durante mi infancia me había acompañado, murmurando palabras sin sentido al pie de mi cama.  Se trataba de Ramana Maharshi, quien más tarde sería considerado uno de las sabios más preclaros del siglo XX. Me di cuenta de que por fin había llegado a casa. Fue el contacto con Sri Ramana lo que me abrió los ojos al significado de mi experiencia.

Pregunta: ¿Cuándo viste por primera vez a Ramana Maharshi, te recordó a la persona con la que
tenías comunicación de bebé?
Robert: Definitivamente, si.
Pregunta: ¿Hablaste de esto más tarde con él?
Robert: No, nunca lo hice. Tan solo nos sonreíamos el uno al otro. Tuve alguna conversación
personal con él, pero a finales de 1947 él ya estaba enfermo. No podía caminar muy bien y
tenía que ser asistido por sus devotos. Tenía un bastón. Apenas podía caminar.
Generalmente nunca entro en estas cosas, porque, número uno, realmente no pueden ayudarte, y
… (pausa). Olvidé el número dos (Risas)

Fuentes:


R. Adams, El silencio del corazón.