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EMILY BRÖNTE: Poemas espirituales


Emily Jane Brontë nació el 30 de Julio de 1818 en Thornton.

Hermana de Charlotte y Anne Brönte, fue una poeta y novelista de la época victoriana. Estudió en Bélgica música y lenguas. En 1845, junto con sus hermanas publica el poemario Poemas bajo el psudónimo de Ellis Bell. En 1847 publica Cumbres borrascosas que está considerada una obra cumbre de la literatura británica.

Fallece a los 30 años en Harwoth, Yorkshire, en 1848.

TANTO MÁS FELIZ ESTOY, CUANTO MÁS LEJOS…

Tanto más feliz estoy cuanto más lejos

aparto mi alma de su morada de barro
cuando en la noche el viento sopla, la luna brilla,
y vagan los ojos por mundos de luz.

Cuando yo no soy y nada es,
ni tierra, ni mar, ni cielo sin nubes,
sino mi alma, que va de vuelo,
por la infinita inmensidad.

(Febrero de 1838).
(Traducción de Rosa Castillo).

LEJOS, MUY LEJOS, ESTÁ LA MORADA DE LA PAZ

Lejos, muy lejos, está la morada de la paz,
a miles y miles de leguas,
tras muchas montañas de crestas borrascosas,
tras muchos desiertos huérfanos de verdor.

Consumida, cansada va la caminante,
triste su corazón y turbia su mirada,
no tiene esperanza, ni consuelo;
vacilante, desfallecida, quisiera morir.

Ya mira el cielo despiadado,
ya al duro camino que pisa,
ya desearía en el suelo tumbarse
y la pesada carga de la vida soltar.

No desmayes triste viajera,
leguas y leguas has dejado atrás
desde que sin sol empezaste tu camino,
continúa, pues, resignada en tu afán,
y si aún de tu voluntad desesperas
acalla sus voces en tu pecho

y alcanzarás la meta final,

y llegarás a donde la paz mora.

(Octubre de 1837).
(Traducción de Rosa Castillo).

NO ES COBARDE MI ALMA…

No es cobarde mi alma.
No tiembla ante la atormentada esfera del mundo.

Veo cómo brillan las glorias del cielo,

y cómo brilla mi fe que del temor me defiende.

Oh Divinidad que estás en mi pecho,

poderosa Deidad siempre presente,

oh Vida que en mí descansas,

como yo, Vida Eterna, descanso en Ti.

Vanas, del todo vanas,

son las miles de creencias

que mueven el corazón del ser humano,

inertes como juncos marchitos,

inútiles como la espuma del ancho mar,

para despertar en algún alma la duda

asida tan fuerte por tu infinitud,

con tanta fuerza anclada

en la segura roca de la Inmortalidad.

En un amplio abrazo de amor

tu espíritu anima años sin fin,

y allá arriba reina y medita,

cambia, sostiene, disuelve,

crea y da vida.

Aunque la tierra y la luna desaparecieran,

los soles y universos dejaran de existir

y tú quedaras único

toda existencia estaría en ti.

No hay lugar para la muerte,

ni átomo que haga su poder inútil,

puesto que tú eres el aliento y la vida,

lo que tú eres nunca se podrá extinguir.

(2 de enero de 1846).
(Traducción de Rosa Castillo).


VENDRÉ A TI…

Vendré a ti,

cuando estés muy triste,

en la soledad de la habitación oscura,

cuando el alegre y loco día haya huido,

y la sonrisa feliz se haya borrado

por la tristeza de la noche fría.

Vendré a ti,

cuando el verdadero sentir de tu corazón

reine imparcial y absoluto,

y mi influencia silenciosa,

ahondado el dolor, helada la alegría,

sin demora con tu alma se alzará.

¡Escucha! Es la hora,

el momento por ti tan temido.

¿No sientes el fluir en tu pecho

del río de una sensación extraña,

precursora de un poder más fuerte

que a quien anuncia es a mí?

(Noviembre de 1837).
(Traducción de Rosa Castillo).

EL VIENTO DE LA NOCHE 

En la dulce medianoche de verano

sin nubes brillaba la luna

por la ventana abierta de la estancia

y los rosales humedecía de rocío.

Yo estaba silenciosa meditando,

el suave viento ondeaba mi cabello,

y me contaba que el cielo es glorioso

y bella la tierra dormida.

No necesitaba su aliento

para que estos pensamientos llegaran a mí,

pero aun quieta me susurraba:

«¡Cuán oscuros deben de estar los bosques!

Sus apretadas hojas con mi rumor

murmuran como un sueño,

y sus miles y miles de voces

dotadas de alma humana parecen».

Yo dije: «¡Vete, gentil cantor,

tu galante voz es dulce,

pero no creas que su música

puede llegar a mi mente.

Juega con la olorosa flor,

la rama tierna del árbol joven,

y deja mis humanos pensamientos

su propio curso correr».

El viento errante no me dejaba,

su beso se hizo más caliente.

«Ven», suspiró con dulzura,

«te conquistaré aunque no quieras.

¿No hemos sido amigos desde niños?

¿No te he amado mucho tiempo?

Tanto como tú has amado la noche

cuyo silencio despierta mi canción.

Cuando tu corazón esté en reposo

bajo las losas del cementerio,

yo tendré tiempo para llorar

y tú para estar sola».

(11 de septiembre de 1840).
(Traducción de Rosa Castillo).

Fuente

:

https://www.elcopoylarueca.com/poemas-romanticos-emily-bronte/